Los modos del traducir

En el marco del proyecto Traducción, crítica e investigación participativas: Marco Cavallo de Giuliano Scabia como punto de partida para el aprendizaje común e interdisciplinario uno de los ejes centrales es la traducción del texto de Giuliano Scabia. Si, como se ha afirmado (Bassnett, Trivedi: 1999, Rundle: 2010), el proceso de traducción nunca responde a una decisión completamente ingenua sin propósito alguno, un cuestionamiento del todo natural sobre el proyecto podría ser precisamente preguntarse sobre el interés que ha motivado la decisión de traducir este texto en particular; es decir, cuál es la pertinencia de traducir hoy, desde nuestro contexto, una obra que relata la experiencia en un hospital psiquiátrico en la Italia de los años setenta. La respuesta a esta pregunta, en realidad, no resulta complicada. La lectura del libro permite apreciar el poder de transformación que puede llegar a tener el trabajo colectivo de un grupo de personas decididas a cuestionar y cambiar su entorno. Si bien es cierto que la experiencia de este grupo heterogéneo de colaboradores, encabezado por el psiquiatra Franco Basaglia y el artista Giuliano Scabia, se inscribe en un contexto aparentemente tan distinto del nuestro, es cierto también que la enseñanza de su labor bien puede llevarse más allá de las instituciones psiquiátricas italianas de los setenta. La constante búsqueda del fare insieme, fundamental en la obra de Marco Cavallo, plantea un principio de acción que rompe la lógica más generalizada que parece regir casi cualquier ámbito del espacio social, incluido el académico: la lógica del individualismo, la competencia y la falta de empatía hacia el otro.

A propósito de las traducciones, se señala con frecuencia la pérdida que suponen respecto al texto original, sin embargo, sería mejor acaso reconocer todo lo que se gana siempre que un texto se traslada de una lengua a otra, todo lo que la obra puede comunicar más allá de las limitaciones o “errores” de traducción (Bassnett, Trivedi: 1999). En este sentido, uno de los elementos más importantes que nos ofrece el texto es la posibilidad de conocer y, por qué no, replicar justamente el valioso principio del fare insieme, con todos los retos y posibilidades que ello implica. Así pues, como un intento por recuperar este valioso principio, quisimos llevarlo a la práctica en el ejercicio mismo de nuestra traducción. Fue un proceso que pasó por distintas etapas: desde la repartición de los textos y la traducción individual, hasta la traducción y revisión colectiva. La organización del trabajo respondió en gran medida a la estructura misma de la obra, que a manera de diario da cuenta del esfuerzo colectivo, y sin precedentes, por trasformar la compleja situación en la que se encontraban los pacientes del Hospital Psiquiátrico de Trieste.

La primera etapa del proceso consistió en repartir los textos. Poco a poco cada participante elegía uno o dos días de los treinta y cinco narrados por Giuliano Scabia. La elección variaba conforme a los intereses, posibilidades y tiempos de cada uno, pero siempre bajo un objetivo en común: realizar la traducción de todos los días y apartados que componen el libro.

El ejercicio de la traducción individual fue un aprendizaje que nos llevó a reflexionar sobre lo que implica realizar una traducción, no sólo a nivel lingüístico por el léxico desconocido en italiano, sino también por la labor de investigación que demanda traducir un texto como éste. Desde el primer momento fue necesario recurrir a diversas herramientas físicas y digitales para aclarar nuestras dudas al momento de traducir términos específicos de diversas áreas, como psiquiatría, teatro, artes gráficas, geografía, meteorología, o con algunos aspectos culturales contenidos en las canciones o diálogos. El aspecto diacrónico fue otra dificultad que tuvimos que enfrentar, ya que muchos vocablos de aquella época están actualmente en desuso. Dichas dificultades nos llevaron, en ocasiones, a consultar a especialistas para que nos indicaran cuál era el término equivalente en español.

Además de la labor de investigación individual, otro elemento determinante al momento de traducir fue la posibilidad de consultar y discutir con nuestros compañeros los problemas de traducción; es decir, pasar de una primera etapa de traducción individual a una segunda etapa que consistió en la traducción colectiva. Justamente aquí es donde llegó uno de los aspectos positivos de hacer un trabajo en conjunto, ya que podíamos revisar el contexto de una determinada palabra y argumentar por qué era más adecuada una opción y no otra.

En las revisiones colectivas, el proceso de traducción extendía su discurso en cuestión de perspectiva, abriendo nuevos horizontes posibles gracias a la interacción comunicativa en comunidad. La traducción individual se transformaba en revisión/traducción colectiva. Laboratorio de profesores y estudiantes en detonación quirúrgica del lenguaje de Marco Cavallo, dilatación del espectro académico, actividad extraordinaria del fare insieme.

Durante esta etapa, pudimos percatarnos de las ventajas de trabajar en comunidad, de analizar y reflexionar en conjunto la naturaleza de las palabras en su terminología, de la sintaxis, de las familiaridades y extrañezas del español y del italiano. A la par del trabajo de traducción, desarrollábamos una investigación exhaustiva de términos coloquiales, teatrales y de ámbito clínico y científico.

Uno de los retos de trabajar en equipo es evitar que el trabajo se vuelva disperso, para ello, el área de traducción se coordinó a partir de diversos recursos digitales que nos permitieron organizar las reuniones, establecer el orden cronológico de las traducciones, determinar y actualizar el listado de días traducidos y días disponibles para traducir, armar un glosario, etc. Por ejemplo, las primeras reuniones se propusieron y concretaron por correo electrónico, pero fue un medio que se reveló insuficiente y poco práctico, por lo que tuvimos que buscar una plataforma de comunicación que nos permitiera estar en contacto, compartir información y organizar los encuentros. La plataforma elegida fue Slack, que desde entonces se convirtió en nuestro canal principal de interacción a distancia.

Nuestras sesiones comenzaron en mayo de 2019 y se realizaban una vez al mes en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es importante señalar que para poder llevarlas a cabo era necesario solicitar con antelación a la Coordinación de Letras Modernas un espacio dentro de la Facultad. El número de participantes variaba considerablemente en cada reunión por razones de tiempo y disponibilidad, no así el entusiasmo y compromiso de alcanzar nuestro objetivo.

El equipo técnico que requeríamos para llevar a cabo la revisión fue siempre amablemente proporcionado por Clara: computadora y proyector eran rápida y hábilmente instalados para iniciar la sesión. El texto traducido, previamente compartido por cada uno de los traductores en una carpeta de Dropbox, se proyectaba en el pizarrón blanco, mientras un voluntario leía en voz alta la parte correspondiente del libro. Nos deteníamos una y otra vez en el texto: sugerencias, comentarios y dudas surgían por doquier. La lectura era lenta; la revisión, minuciosa. El mundo de la traducción comenzaba a revelarse tal cual es: una aventura apasionante y delicada que exige paciencia, tiempo y concentración.

Teníamos largos, intensos y, a veces, inacabados debates al momento de decidir la traducción de vocablos y expresiones sin un correspondiente exacto en español, o que por su relevancia y recurrencia eran fundamentales. Una de ellas, fare insieme –expresión esencial que encierra la complejidad y riqueza del hacer que en aquellas horas nos reunía– generó una animada discusión, pues no a todos les convencía la traducción literal “hacer juntos”. En varias ocasiones, como dijimos antes, a falta de una respuesta satisfactoria en los diccionarios (o a pesar de ella), buscamos la opinión de expertos en determinadas áreas para obtener la traducción más apropiada; tal fue el caso de burattino, regredito o ciclostile, entre muchos otros términos. Las sugerencias externas representaron una valiosa fuente de información que enriqueció la traducción y la consolidó como un dinámico proceso interdisciplinario.

Desde el principio, Clara propuso elaborar un glosario que nos permitiría, por un lado, estandarizar la traducción y, por el otro, agilizar las revisiones futuras. Nuestro glosario, compuesto por más de 90 palabras y frases, y que se enriqueció con cada sesión, resultó una herramienta de traducción invaluable y, al mismo tiempo, un testimonio del arduo y fructífero trabajo en equipo.

Avanzábamos a paso lento pero firme, convencidos de que, con el tiempo, el ritmo se aceleraría de manera natural; sin embargo, nuestro caminar se detuvo cuando, en protesta por la violencia de género, un grupo de estudiantes ocupó la Facultad a principios de noviembre. Tres meses después, decidimos retomar las actividades pese a la crisis que atravesaba nuestra institución. No fue nada fácil, pero convenimos en que era necesario continuar, pues había plazos de tiempo que debíamos respetar. Gabriela solicitó con éxito un salón en la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción (ENALLT) a la que acudimos varias veces para reiniciar nuestra labor. Si bien nuestro trabajo parecía empezar a tomar ritmo, tendríamos que enfrentar un nuevo desafío: la contingencia provocada por la pandemia de coronavirus. De hecho, las limitaciones que enfrentábamos debido al paro se agravaron con esta situación inédita que alteró la vida de millones de personas alrededor del mundo, incluida la nuestra. Oficialmente, el virus llegó a tierras mexicanas a finales de febrero y en Ciudad de México, nuestro lugar de residencia, la cuarentena empezó la última semana de marzo, lo que nos orilló a tomar decisiones para poder continuar con el proyecto.

Los avances tecnológicos rescataron nuestra comunicación y mantuvieron a flote la cohesión del grupo durante la cuarentena, aunque no al cien por ciento, debido a que no todos los integrantes disponían de las herramientas necesarias para seguir en contacto. La plataforma para comunicarnos y organizarnos continuó siendo Slack, y adoptamos Skype para llevar a cabo nuestras sesiones virtuales. Después de un par de videollamadas experimentales, y gracias a la relativa disponibilidad de tiempo que nos ofrecía el confinamiento y la suspensión de actividades en la Facultad, decidimos reunirnos tres tardes por semana.

Fue así como, en la medida de nuestras posibilidades y desde un rincón disponible en nuestras casas, trabajamos juntos a través de una computadora sin que menguara el rico intercambio de ideas, sugerencias y conocimientos, en sesiones que llegaron a durar más de tres horas. Fueron jornadas extenuantes que, no obstante, rindieron frutos, pues la traducción estuvo lista antes de la fecha originalmente planeada.

El método de revisión no tuvo grandes modificaciones: todos seguíamos en nuestras pantallas el texto traducido que Clara nos compartía desde su computadora, mientras uno de nosotros leía en voz alta; sin embargo, nuestra forma de interacción grupal cambió significativamente. Las nuevas circunstancias nos obligaron, por ejemplo, a hablar sin tener un rostro enfrente; a escuchar comentarios aquí y allá sin observarnos, o a escribirlos y leerlos en el chat cuando el micrófono se negaba a funcionar; a prescindir de los gestos, propios y ajenos, para disentir o convenir; a convivir con inesperados y no menos incómodos silencios en momentos de indecisión al traducir un término o expresión. De igual manera, aprendimos a compartir nuestros encuentros con las más variadas ‒e inevitables‒ interferencias: la voz de algún familiar; el timbre del teléfono; el ruido de nuestros vecinos; el insistente megáfono del vendedor ambulante; la impaciencia de nuestras mascotas e, incluso, la intromisión de los fenómenos atmosféricos, como la lluvia, que nos hacía abandonar la reunión para cerrar nuestras ventanas o que, junto con el aire, interrumpía la conexión de internet. A pesar de que enfrentábamos una situación extraordinaria que nos exigía vivir en condiciones atípicas de aislamiento, la pandemia resultó un beneficio para nuestro trabajo, pues nos permitió enfocarnos en él y avanzar rápidamente. Por otro lado, la revisión a distancia facilitó el acceso inmediato a los diccionarios en línea, comodidad que no siempre tuvimos cuando trabajábamos desde la Facultad, donde la señal de internet fallaba con frecuencia, lo que entorpecía constantemente la revisión. Trabajar en equipo durante el confinamiento fue también, sin planearlo, una oportunidad para estar juntos y acompañarnos, aunque solo virtualmente, en medio de tanta incertidumbre y zozobra.

Carolina, Ireri, Montserrat y Rodrigo